viernes, 2 de junio de 2006

¿Hasta cuándo soportas México?



Por Luis Alberto Perdomo


La verdad es que no entiendo cómo una nación tan grande y con tantos recursos, sigue ignorando la doble intención de los “Americanos” en materia de seguridad fronteriza.

Hace un buen tiempo viene haciendo escándalo la noticia del famoso e incongruente muro que las autoridades Estadounidenses pretenden erigir para “controlar” la entrada de ilegales a su territorio. Para iniciar quisiera recordar algunos aspectos, en los cuales me baso, para calificar de ridícula la posición norteamericana.

Primero, quisiera evocar los problemas político-personales, en los cuales se vieron involucrados los presidentes de México y Venezuela, que llegaron al punto de minimizar las relaciones diplomáticas de ambas naciones, teóricamente hermanas; en éste punto cabe resaltar que el conflicto plantea el panorama de la siguiente manera: México como nación soberana y libre de expresión, defiende el famoso ”ALCA” propuesto por la primera potencia mundial, y que en general, beneficia en mayor parte a ésa misma nación; por el otro lado, tenemos a una Venezuela revolucionaria y totalmente opuesta a el ya mencionado tratado, motivo por el cual se inicua una serie de dimes y diretes entre los mandatarios de ambos países, dejando “muy en claro” la total simpatía del “pueblo” mexicano con la política exterior de la tierra del Tío Sam.

No mucho tiempo después de lo anterior, sorprende bastante, y en especial a la hermandad México-USA, la noticia de la “sabia” decisión de un muro, como solución al grave problema de la inmigración. Éste hecho, abochorna totalmente al gobierno Azteca, evidenciando la poca preocupación americana por la mencionada hermandad. Lo que hace pensar en la falta de agradecimiento gringo por la reciente, y tan sonada, solidaridad recibida.

Poco tiempo después, y nuevamente movido por los intereses que le conciernen sólo a la tierra de las barras y las estrellas, el presidente George W. Bush propuso reuniones con su homólogo Mexicano y además, como aderezo especial, incluyó en las negociaciones al Primer Ministro canadiense Stephen Harper, como si se tratase de un árbitro que nada tiene que ver en éste campo.


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